Echoes of Oblivion

2.500,00 Impuestos no incluidos

Esta fotografía es una exploración de la simetría y la distorsión. Capturé el reflejo de un muro en el agua, buscando cómo las ondulaciones y movimientos sutiles pueden transformar algo ordinario en una pieza de arte abstracto. El color verde dominante sugiere una presencia natural, mientras que los destellos de otros colores indican actividad y vida.

Lo que me fascina de esta imagen es cómo la textura del agua y las imperfecciones del muro se fusionan para crear un efecto visual que parece casi pintado. El agua actúa como un filtro que suaviza y distorsiona, ofreciendo una perspectiva diferente y más contemplativa de la realidad. La fotografía invita al espectador a detenerse y observar los detalles, a dejarse llevar por la serenidad y el movimiento sutil.

Título de la obra
Echoes of Oblivion
Edición Limitada
Si
Edición numerada
Si
Tirada
4
Certificado de autenticidad
Si
Técnica
Fotografía digital
Impresión
Directa sobre aluminio Dibond
Formato
Horizontal
Dimensiones
75 cm x 50 cm x 0,3 cm
Piezas
Una pieza
Soporte
Aluminio Dibond
Sujeción
Bastidor de aluminio
Año
2019
Empaquetado
En caja de cartón reforzada
Categoría:

Ecos del Olvido

Relato inspirado por la fotografía.

El sonido del agua susurraba historias antiguas mientras Juan se acercaba al viejo muro junto al canal. Había algo hipnótico en el reflejo, una quietud que contrastaba con el bullicio de la ciudad detrás de él. Las ondulaciones en la superficie del agua transformaban el muro en una pintura viva, con verdes que recordaban a bosques lejanos y destellos de colores que sugerían momentos fugaces de alegría.

Juan se sentó en la orilla, dejando que sus pensamientos se deslizaran con la corriente. Recordó cómo solía venir aquí con su abuelo, quien le contaba cuentos de un tiempo en que el canal era el corazón de la ciudad. Los ecos de esas historias parecían vivir en el reflejo, en las pequeñas imperfecciones del muro que se distorsionaban y se recomponían con cada onda.

Cerró los ojos por un momento, permitiéndose viajar en el tiempo. En su mente, el canal volvía a ser un lugar lleno de vida, con barcas y risas que resonaban en el aire. Cuando abrió los ojos, el reflejo seguía allí, pero había algo nuevo en él. Un pequeño pez nadaba cerca de la superficie, creando ondas que distorsionaban aún más la imagen del muro. Juan sonrió, comprendiendo que el canal, como la vida, estaba en constante cambio.

Levantó su cámara y capturó la escena, sabiendo que esa imagen sería un recordatorio de la belleza en lo efímero, de los ecos del pasado que viven en el presente. Mientras se alejaba, dejó que el susurro del agua y los colores del reflejo lo acompañaran, sintiendo que llevaba consigo un pedazo del alma de la ciudad.